Ese pecado que quiero cometer,
sin lugar a dudas,
no mengua.
Ese poema que quiero escribir,
sobre tu piel desnuda,
con mi lengua.
Ese pecado que quiero cometer,
sin lugar a dudas,
no mengua.
Ese poema que quiero escribir,
sobre tu piel desnuda,
con mi lengua.
Hay lenguas retorcidas
y lenguas que te retuercen.
Ambas te estremecen,
con una sutil diferencia.
Sólo
debo pensar
en tu sonrisa desatada,
para enloquecer de puta alegría.
Regálame momentos de locura,
que nos lleven aquí y allá,
sin pensar mucho
en nada.
Me gustan los retos a la luz de la luna.
Es cierto que sólo hay una,
pero es fiel compañera.
Quizá ya no es lo que era,
que ha sucumbido al capricho,
del eclipse -o eso me han dicho-.
Aún así me mantiene alerta;
conservo mi mente despierta,
a la espera de entrar en acción.
(Quizá avise con una vibración
o sea sutil su atrevimiento)
Sabrá lo que es merecer su aliento,
quien persevere por su humedad,
sin querer jugar por jugar.
Porque a ti te gusta la tranquilidad
y a mi me seduce el caos.
Porque nos aburre la indiferencia
y nos mantiene atontaos.
La casualidad es caprichosa,
despiadada y sin compasión.
Aprieta y a la vez ahoga,
pero invita en cualquier ocasión.
En el fondo es un poco verdad,
que todo es mejor achispaos.
Deja que pregunte algo ahora:
¿Bailamos otra canción?
(No es casualidad
querer devorarse a bocaos;
es una putada
y a la vez una adicción)