Ese nudo en la garganta
que te ahoga y te da vida,
a partes iguales.
Esa confianza ciega
que te empuja hacia delante,
sin vacilar.
Sucumbe.
Camina.
Ese nudo en la garganta
que te ahoga y te da vida,
a partes iguales.
Esa confianza ciega
que te empuja hacia delante,
sin vacilar.
Sucumbe.
Camina.
¿Quién cree en el papel de la casualidad;
en que está amañada la línea de la vida?
¿Quién que da igual la ruta elegida;
que es un acto predestinado el amar?
Dos miradas que se entrelazan por azar,
en busca de una complicidad perdida.
Un tiento a la fortuna en mitad de la partida,
como coger el dado y después no tirar.
Demasiada carga en tan complicado juego,
para acabar dándole el mérito a la suerte.
Creed en la causa primero, os lo ruego.
Quien busca excusas no es mas que un ciego.
Creer en lo eventual puede distraerte,
pero yo, sin duda y rotundo, me niego.
Muerde a la serpiente que te ofrezca la manzana.
Pues, quien te tienta, merece sucumbir también.
Quise poner mi placer
en tus manos delicadas
y perdernos -sin perder-
al borde de la madrugada.
Quise tus caricias
en mi cuerpo, dedicadas.
Devorarnos al amanecer
y expirar en dos caladas.
Corazón cobarde;
el que corre y no arde.
Que no sea tarde
y su coraza le guarde.
Ojalá consiga...
Ojalá lo logre...
Huir del nido,
donde rebosan
pajaritos heridos.
Plan prohibido:
meterse en él
y ser absorbido.
Hay un rinconcito
en el que mi mente se vacía,
donde cortocircuito,
me paro, no pienso y pido una amnistía.
Mi pecado favorito:
hablar de ti a cualquiera que me pía.
Me importa un pito,
si la razón es tuya o la culpa mía.
Huir, siempre mejor en estampida,
gritando en alto mi abdicación,
que con bombas de humo con discreción,
por el temor adquirido a las despedidas.
Eres mi excusa preferida
para encadenar mi corazón,
hacer como que ignoro a la razón
y fingir que mi alma no está perdida.
-Porque así es la vida. Uno no siempre consigue las cosas que quiere. Es mas, a veces, ni siquiera conviene conseguir todo lo que uno desea. Y eso no es injusticia.
Poesías
que, entre verso y verso, avalan
que son balas las palabras.
Porfías
que, a lo tonto, confirman
que son más que uniones de sílabas.
Es posible que sea el amor
quien nos traicione,
cuando tenga la guardia baja
el orgullo.
Huyo porque me huyes.
Huyes porque te huyo.
Fluyo en dirección contraria,
por miedo a no ser tuyo.
De dos en dos,
los pasos pesan.
De una en una,
las cosas pasan...
...de largo.
Y, parado, pienso
que en ninguna
tuve voluntad
de un nosotros...
...y me atraganto.
Cómo quema
el frío que nos separa,
cuando suena
la canción que me recuerda a ti.
Bésame las intenciones,
entre jadeos de miradas,
y déjame lamer las espinas
que tienes en el corazón clavadas.
Brilla la sensatez por su ausencia
en el destierro a la nostalgia.
Un sentimiento que se contagia,
cuando lo importante es mantener la esencia.
Manifiesta la locura su presencia,
fingiendo convertirse en magia.
Despista y a la vez presagia
la inminente victoria de la inconsciencia.
Que bailen las intenciones al viento
y revienten las tentaciones.
Que fluyan los delirios a cientos
y no se escondan las pasiones.
Que los pecados quiebren los juramentos
e inunden todos los rincones.
Despierto sueño con no soñarte.
Dormido te sueño sin querer.
No es algo de hoy ni de ayer,
es lo que ocurre al obnubilarte.
No decir la verdad
no siempre significa mentir,
porque, a veces, callar
nos evita tener que fingir.
Me equivoqué
tantas veces
y aún así evoqué
apostar al 13.
Una y otra vez,
caigo de bruces.
Una y otra vez,
mientras escueces.
Fuimos
lo que no fuimos,
porque supimos
aguantar suspiros.
Intuimos
cuando intuimos,
pero cohibimos
cuando fluimos.
Sentimos
porque sentimos,
aunque fingimos
y nos huimos.
Perdimos
lo que perdimos
cuando asumimos,
antes de empezar.
No hay prisa
por ser la presa
que, sin querer, se pasa
de verso a prosa.
Al final... las copas pesan,
pero no besan,
aunque sí pisan,
mientras no piensan.
Soy la vida
y soy la muerte.
Soy contigo
y soy perderte.
Soy la cordura
capaz de enloquecerte.
Soy tu gafe.
Soy tu suerte.
No soy azar.
Soy temerte.
Soy las ganas
de lamerte.
Soy un huracán,
esparciendo las cenizas de un volcán.
Soy delirio.
Échale ganas.
Echa al miedo y vence.
Echa el resto y huye conmigo,
donde el deseo gana fuelle.
Échame una mirada
que eche por tierra
todos mis suspiros.
Y, si no echamos un polvo,
echémonos unas risas.
Todo, salvo echarnos de menos.
Me da igual
a quien tengas enterrado
en lo más profundo de tu corazón,
alegre sepulturera de corazones rotos.
El amor es un viaje de ida,
sin retorno y con memoria.
Puedes empezar tantas veces quieras,
pero siempre será algo nuevo.
Puedes retomar la partida,
como quien monta en una noria,
pero el tiempo pasa de veras
y, aún retrocediendo, seguirás avanzando.
Contigo, hasta la mismísima boca del lobo;
dondequiera que estén las entrañas del fin del mundo.
Por ti, hasta donde nacen las llamas del infierno;
allí donde no se perdonan los pecados.
Invítame a pecar
en un baile a oscuras
y fusílame a besos,
hasta aniquilar mi cordura.
Ladrones
de corazones
sin repercusiones,
por las precauciones.
Sin condiciones
ni presiones,
recordando canciones
de otras ocasiones.
Veo visiones.
No hay pretensiones
por las tensiones
sin explicaciones.
Mis conclusiones:
sin razones,
en situaciones
me pones.
Saltan chispas
entre silencios,
pagando el precio,
predispuestas.
Guerrilla sin aristas,
pasando del aprecio
al amor necio,
dejando pistas.
Perdiendo el aguijón,
mueren las avispas.
Me gusta la rima asonante
que forman tu mirada y tu sonrisa.
Me delata el deleite de contemplar
como bailan al compás, sin prisa.
Mi descaro,
que a veces me ampara
y otras me anula,
me hace burla.
Mis reparos,
que a veces me enloquecen
y otras me tranquilizan,
me traicionan.
Esencia de frasco con fugas
y axiomas que arden.
Me encanta el chocolate negro
y ella es un bombón,
de esos por los que eres tú
quien se derrite.
Me sobra tinta para velar mi corazón
y luchar en folios contra lo consciente.
Me falta cinta para sellar mi mente
y entregar los mandos a la pasión.
A veces yo tan tú
y a veces tú tan yo,
que yo no sé quien es
más tonto de los dos.
Se frotan las manos, tramando,
pero su venganza será inocua.
Aletean, sinuosas y a lo loco,
fingiendo que están observando.
Nunca entendí,
¿por si las moscas, qué?
Sube como un escalofrío,
pero caliente y decidida.
Con ella comienza la partida
que desemboca en desvarío.
Navega como un navío
sobre saliva desinhibida,
pillándote desprevenida
y arrebatándote del frío.