Última indecisión fatal,
al borde del bien y del mal.
Mi división horizontal,
en el horizonte de un portal.
Noches que mueren sin final,
con ausencia de instinto animal.
(Me jode mi lado cabal)
Déjate de arena y dame cal.
Última indecisión fatal,
al borde del bien y del mal.
Mi división horizontal,
en el horizonte de un portal.
Noches que mueren sin final,
con ausencia de instinto animal.
(Me jode mi lado cabal)
Déjate de arena y dame cal.
Los poemas
que no me atrevo
a escribir,
hablan de ti;
de lo mucho
que te quiero
y odio,
al mismo tiempo.
Bastardos, cuando no surgen
en el centro de las entrañas.
Sin sentimientos desparecen
o brotan fríos entre la claridad,
sin saborearse ciegamente.
Mis "tus" con fecha de caducidad,
en la simplicidad de lo imposible.
Tus "noes" de boca pequeña,
donde ni un mosquito cabe.
Nuestros "ya te vale" de reojo,
que encogen el valor del mas valiente.
Sus "bah" que van y vienen
y en el desdén florecen, dando tumbos.
Delirios del sinsentido
que sentido y razón tienen;
que pesan y pasan,
pero con el rumbo torcido.
Y entonces escribo,
sin pensar en cuándo,
sintiendo atemporal,
sin olvidar el qué.
Sin saber el motivo
que encendió la chispa.
Sin saber cómo
apagar la llama.
Brindo
por las cosas confusas.
Por la vida,
en modo ruleta rusa.
Por tu mirada,
que me engatusa.
Por arrancarte
el último botón de la blusa.
Por mis motivos.
Por mis excusas.
Pero, sobre todo,
por mi Musa.
¿Qué puedo decir,
si me flipa verla reír
a carcajadas?
Lo que me hace sentir,
es como un ir y venir
en oleadas.
“¿Cuándo nos mordemos?”,
es una invitación,
como cuando digo que bailemos.
A veces siento que no lo vemos
y otras una absoluta atracción.
Pero, ¿qué le hacemos?
Me gustan las noches eternas
que se convierten en recuerdos fugaces.
Me gustan las noches fugaces
que se convierten en recuerdos eternos.
Me gusta volver a volver a volver.
Me gusta dejar de dejar de dejar.
Me gusta no tener motivo.
Me gusta cualquier cosa, si es contigo.
Se rompe el silencio
Mientras mi boca
Mientras tus piernas
Mientras mi lengua
Mientras tus dedos
Mientras mi pelo
Mientras tu rezo
Mientras jadeas
Mientras me empeño
Mientras me rindes
Mientras te venzo
Hasta el espasmo
Atrapa mi cordura y tambaléame.
Dame media docena de chupitos de osadía,
engáñame de noche y aguántame hasta el día.
Seduce a mi mente y dispárame.
Mata a mi ego y rescátame.
No tengas miedo, que sea una sangría;
que agonice el orgullo, mientras los errores expían,
pero, te lo ruego, asegúrate.
Tengo una mentira, que es mía.
Tú lo llamas descaro y yo cobardía.
Mi paz interior
es fuego
y ceniza;
es lava.
Mi paz interior
es viento
y humedad;
es huracán.
Mi paz interior
es luz
y oscuridad;
es sombra.
Mi paz interior
quema
y congela,
es hielo.
Mi paz interior
es silencio
y alboroto;
es confusión.
Mi paz interior
es excitación
sin tregua;
es guerra.
Jugando a no estar roto
Jugando con el vuelo de tu falda
Jugando al despiste entre espejos y fotos
Jugando a fingir que nunca te he echado en falta
Mi corazón... me pide que te bese.
Mi cabeza... me susurra que corra.
Y yo... no hago caso a ninguno de los dos
y me quedo perdido en tu sonrisa.
Pero...
¿Y si... bailamos?
Porque no todo es blanco o negro
(aunque nos joda).
Te fuiste
sumergiendo
hasta
hacerme caer
en la cuenta
de que
el amor
empapa
sin mojar
Vamos a bailar sobre la incertidumbre,
hasta llegar a la cumbre donde me aniquilas.
Quiero descarrilar en tus pupilas,
mientras vigilas para que no me derrumbe.
Quizá sea por la falta de costumbre;
por matar el hambre con mil tequilas.
Quizá porque con tu energía me espabilas;
por dejar que sea tu sonrisa quien me alumbre.
Pero, me cuesta disimular que disimulo,
bajo el filo del sigilo que me deshilacha.
Me cuesta, por tener la mente borracha
y el corazón en (coma) vilo.
Quiero perder hasta la camisa
y que me crezcan los enanos.
Quiero dejar de dar bandazos
y que secuestres a mi alma indecisa.
Quiero ser un niño en tu sonrisa
y un adulto en tus juegos de manos.
Quiero morir entre tus brazos
y que me resucites sin prisa.
Quiero lo que quiere un cobarde.
Quiero hacer desaparecer mi ego.
Quiero ser dinamita en tu corazón de fuego.
Quiero ver como arde.
Quiero, aunque sea tarde.
Quiero, aunque sea luego.
He visto encallar mi locura
sobre calles que callan .
He oído cantar a mi conciencia,
atravesando puentes en llamas.
He borrado las barras que separan
lo cordial de la travesura.
He soñado con señuelos que señalan
tentaciones en penumbra.
Y, aun así, sin dejar de mirar atrás,
he huido con los ojos cerrados,
apretando los puños en los bolsillos
y fingiendo que me daba lo mismo.
La vida es la vida
y el amor es amor.
Pero, ¿es la vida amor?
Pues, el amor, es vida.
Si te quiero,
me pierdo dentro de mí.
Si te encuentro,
que corra es lo que suele ocurrir.
Si te recuerdo,
la cordura salta por la ventana.
Si no te quiero,
me traiciono en un laberinto.
Si te pierdo,
espero que me encuentres tú a mí.
Si te olvido,
serás una desconocida en mis sueños.
Sentirme tentado por tu mirada
e invitado en un susurro.
Meterte mano bajo la falda
con una caricia sutil, pero descarada.
Mi imaginación:
tu recreo.
Mi adicción:
tus ideas.
Mi provocación:
tus travesuras.
Mi perdición:
tus piernas.
La atracción
me coquetea.
Caricias de rendición;
me tientan.
Me reto
a jugar en la delgada línea del abismo.
Me bebo
hasta el agua de los floreros por altruismo.
Me debo
dejar de hacerme trampas a mí mismo.
Me temo
mi propia derrota como un espejismo.
Normalicemos dejar de normalizar
las cosas que ya son normales.
Que cada cual haga lo que quiera
y, si no te parece bien, te jodes.
Nos rompimos el corazón
rompiéndonos el corazón.
Sobrevivimos,
nos reconstruimos,
crecimos
y seguimos...
fingiendo.
No se debe hipotecar el presente por la felicidad futura. Ni tampoco condenar el futuro por la felicidad presente. Pero, si tengo que elegir, de buen grado acepto mi condena venidera. Pues, si mañana un ladrillo me cayera en la cabeza, no me gustaría que mi lápida rezara:
"Murió hoy, pensando en la felicidad de mañana".
¿Quién te hará temblar,
cuando paren los temores?
¿A qué temerás,
cuando empiecen los temblores?
¿En qué dirección huirás,
cuando te confiesen los amores?
Es humano errar,
como lo es el colapso de las emociones.
Que le den a quien quiera juzgar;
cada cual como pueda con sus situaciones.
No hay culpa en rodar,
sin rumbo y sin necesitar perdones.
Ese nudo en la garganta
que te ahoga y te da vida,
a partes iguales.
Esa confianza ciega
que te empuja hacia delante,
sin vacilar.
Sucumbe.
Camina.
¿Quién cree en el papel de la casualidad;
en que está amañada la línea de la vida?
¿Quién que da igual la ruta elegida;
que es un acto predestinado el amar?
Dos miradas que se entrelazan por azar,
en busca de una complicidad perdida.
Un tiento a la fortuna en mitad de la partida,
como coger el dado y después no tirar.
Demasiada carga en tan complicado juego,
para acabar dándole el mérito a la suerte.
Creed en la causa primero, os lo ruego.
Quien busca excusas no es mas que un ciego.
Creer en lo eventual puede distraerte,
pero yo, sin duda y rotundo, me niego.
Muerde a la serpiente que te ofrezca la manzana.
Pues, quien te tienta, merece sucumbir también.
Quise poner mi placer
en tus manos delicadas
y perdernos -sin perder-
al borde de la madrugada.
Quise tus caricias
en mi cuerpo, dedicadas.
Devorarnos al amanecer
y expirar en dos caladas.
Corazón cobarde;
el que corre y no arde.
Que no sea tarde
y su coraza le guarde.
Ojalá consiga...
Ojalá lo logre...
Huir del nido,
donde rebosan
pajaritos heridos.
Plan prohibido:
meterse en él
y ser absorbido.
Hay un rinconcito
en el que mi mente se vacía,
donde cortocircuito,
me paro, no pienso y pido una amnistía.
Mi pecado favorito:
hablar de ti a cualquiera que me pía.
Me importa un pito,
si la razón es tuya o la culpa mía.
Huir, siempre mejor en estampida,
gritando en alto mi abdicación,
que con bombas de humo con discreción,
por el temor adquirido a las despedidas.
Eres mi excusa preferida
para encadenar mi corazón,
hacer como que ignoro a la razón
y fingir que mi alma no está perdida.