¿Qué es la vida,
sino joderse?
Mi reino
por media docena de tus carcajadas,
envueltas en descaros y destellos,
de los que parten del brillo de tus ojos.
El amor
a contrarreloj,
gota a gota,
con cuenta atrás,
contra las cuerdas,
sabe a pólvora.
Quien fuera capitán de navío,
para navegar tus tormentas
y bordear el placer escondido
entre las islas de tu deseo.
Quien fuera brisa marina,
para capear tus tormentos
y saciar esa sed encubierta
bajo tus aullidos mudos.
Déjame quedarme a vivir en tus pupilas
y perderme en tu iris hasta encontrarme,
morir en cada una de tus miradas
y resucitar en tu sonrisa descarada.
Una botella abierta
tras otra
une tu boca
a la mía.
Una copa vacía
se lleva
mis besos
y los tuyos.
Amor con dos hielos
del que se repite,
entre trago y trago,
en cualquier ocasión.
Amor en deshielo
del que se derrite,
sin amagos,
por la pasión.
Cada cual tiene su superpoder.
Está el de coger corazones rotos
y ponerlos en orden,
con capa de esparadrapo.
El de curar heridas,
encontrar causas tardías
y robarle besos al aire
de los que no buscan a nadie.
Me equivoqué con el azar
y me rompí el corazón por despiste,
donde brotan cicatrices invisibles
y las tiritas van de incógnito.
A veces,
para enamorarse
hasta el fondo,
sólo hace falta
estar en el lugar
y en el momento
equivocados.
Ese efecto óptico
que crece,
dándote alas.
Magia a corto plazo,
que se desvanece
cuando te vas.
Que las expectativas
queden expectantes
en su espectro
y disfruten del espectáculo.
Quiero enfrentarme a ti como a un espejo
y saborear cada pétalo de tu piel sedosa.
Quiero alcanzar la cima en tu reflejo
y erupcionar el volcán que te mantiene presa.
Navegar en barcos de papel,
sobre océanos de deseos,
con ganas de lamer tu piel
y recorrer cada centímetro con mis dedos.
Quien fuera esa gota
que recorre todo tu cuerpo,
resbalándose por tu pelo,
ganando tu piel,
provocando mi celo
y muriendo a tus pies.
Brindo
por las ocasiones perdidas;
por todas esas veces
en que nos hicimos los tontos
a la vez.
Dame de tu veneno
directamente de tus labios.
Compartamos besos involuntarios
que desaten los truenos.
Abracemos el desenfreno
olvidándonos de horarios,
de todos los intermediarios
y de echarnos de menos.
Debajo de una mesa con mantel,
en silencio,
escondidos,
atrapados por el ruido exterior,
las miradas se funden
en besos
y deseos
que caben en la palma de la mano.
Promesas de amor eterno
que se guardan
en los bolsillos
por miedo a perdernos.
Cierro los ojos y pienso
que te quiero,
sin dudar
que sigo siendo un crío.
A veces el tiempo se hace el tonto:
tan pronto te cambia la hora,
como se pone a llover.
Mi única terapia de choque efectiva
sería la de tu cuerpo contra el mío
y viceversa.
Por media oportunidad,
habría ido a buscarte
hasta la última de las puertas del infierno,
si hubiera hecho falta.
A la muerte, por puta.
A la vida, por traicionera.
Porque te traen y te llevan,
cuando ellas quieran.
Juro que fueron 5 minutos,
sólo 5 minutos...
5 minutos y un despiste.
5 minutos, un despiste y una sonrisa.
5 minutos, un despiste, una sonrisa y una mirada.
Sólo eso.
A veces no hace falta más
para enamorarse para siempre.
Sin remedio.
Sin necesidad.
Sin medida.
Sin conciencia.
Corazón sinvergüenza.
He visto a tu sombra
buscándome por los balcones
y me he escondido tras el sofá,
pero ahora no encuentro a la mía.
A veces,
de un fuego que se extingue,
brota una chispa
capaz de provocar un incendio...
...en otro bosque.
Sigo sentado en un banco de la estación
viendo a los trenes pasar,
sin prisa,
sin billete.
A veces los veo venir,
otras los veo marcharse.
Algunos parece que se van a quedar,
pero al rato parten.
Supongo que mi sitio está aquí,
viendo como vienen y van.
Y creedme que no es poca cosa
aprender sobre llegadas y partidas.
Búscame
donde la paz tiene forma de forcejeo
Vérsame
mientras en silencio te parafraseo
Sedúceme
con miradas sutiles de perreo
Aprisióname
y hazme esclavo de tu deseo
Átame
donde la furia se transforma en jadeo
Húyeme
si de mi sólo pretendes un cameo
Sin ases en la manga;
tengo tres cicatrices
en un sólo corazón
por la misma punzada.
Tu pecho contra mi espalda.
Tu piel contra mi piel.
Tu falda... en el suelo,
junto a mi cordura.
Mi pulso en estampida.
Mi cuello a tu merced.
Mis manos... ansiosas
por pasar de tu cintura.
La raya de tus ojos
es la línea que separa
mi bien del mal.
Cada uno de tus lunares
es un punto a favor
de mi perdición.
Mi pecado en mi penitencia me sentencia a ti
Mis oraciones a tu pecho desde tu espalda
Mi deseo creciente desde las entrañas
Mi muerte dulce cuando me arañas
Mi consolación en tus piernas
Mis ganas desbordándome
Mi premio bajo tu vientre
Mi placer en tu placer
Mi salvación en ti
Mi perdición
¿Y qué le hacemos si confieso
que mi mayor deseo es empaparte,
hacer que de ti brote un río
y que recorra de mi boca a mi garganta?
Mirarte a los ojos fijamente,
desde el final de tu larga falda,
mientras te mordisqueo los tobillos.
Que me apartes la mirada de reojo,
cuando mi lengua recorra tus gemelos
hasta perderse en el interior de tus muslos.
Que tus manos busquen mi pelo,
tus dedos aprieten mi deseo creciente,
cuando la paciencia muera en mi boca.
Devorarte los suspiros sin compasión,
que tu ternura se mezcle con mi saliva
y firmemos la capitulación a espasmos.