A veces
en el amor también hay prórroga
El tinto que me atonta se convierte en tinta
y me miente sobre lo que siento,
pero me mantengo atento,
por si me tienta.
Lento asiento,
latente aguanto.
Me han desahuciado del abismo,
que es como que te expulsen del infierno,
pero sin ser lo mismo.
Sé que no resulta
demasiado interesante,
coger lo vulgar
y disfrazarlo de "arte".
Sigue siendo nada,
aunque suene rimbombante.
No siempre hay un después,
pero siempre hay un antes.
Ese pecado que quiero cometer,
sin lugar a dudas,
no mengua.
Ese poema que quiero escribir,
sobre tu piel desnuda,
con mi lengua.
Lo primero que aprendí del amor
es que no te ata los cordones de los zapatos
cuando ya te has caído.
Lo segundo
es que es un cabrón engreído
que no respeta a nadie.
Si no pasar por él,
pasa a través de ti y te atraviesa.
Poco le importa.
¿Dónde está el bastardo de Cupido?
Juro que no me saco la flecha
porque me desangro aquí mismo.
Los recuerdos marchitan
a distintas velocidades,
según para cada quien.
Me jode que me vendan.
Figurado, no literal.
Prefiero que me venden.
Literal, no figurado.
Te adoro,
como quien adora a falsos dioses,
de manera irracional.
Te quiero,
como quieren los inconscientes,
por encima del bien y del mal.
Te deseo,
como se desea sin frenos,
con instinto animal.
Y qué más da tratar de negarlo
-como quien pone las manos al caer-,
si es algo que no puedo evitar.
Siempre tuve intención
de quemar mis horarios,
cumplir tus deseos
y ser un pez en tu acuario.
Quise batirme en duelo contigo
-sin ser contrarios-
y repasar sobre tu piel
cada letra del abecedario.
No es de mala educación
-ni fruto de desvaríos varios-
querer comerte con los dedos
y acariciarte con los labios.
Esa sensación de sentirte idiota cuando estas buscando algo y resulta que lo tienes en la mano, se podría aplicar a demasiadas situaciones de la vida.
Incluso, a veces, puedes tenerlo en la mano sin estar buscándolo y sentirte (ser) idiota igual.
Creo en el goteo que te enreda
sin dar demasiadas explicaciones.
No creo en la ausencia de intenciones,
ni en que al dar dos pasos se retroceda.
Pienso tirar al aire una moneda
para tomar todas mis decisiones
y así sólo caer en las tentaciones
que el azar considere certeras.
Dicen que,
cuando una puerta se cierra,
se abre una ventana.
Lo que no te dicen es que,
cuando se abre una ventana,
entra corriente.
La sopa de letras
de tus intenciones
provoca en mi boca
un sudoku de tentaciones.
Resuelve las palabras
que se esconden
en mi mirada perdida
bajo el vuelo de tu falda
y deja que una los puntos
que miden la distancia
que separa tu lengua
de mi lengua.
Suspiro
de tu boca a tu ombligo
Aspiro
de tu ombligo a tus pies
Respiro
mientras planeo el placer
Expío
y te empiezo a comer
¿Qué es la vida,
sino un continuo joderse,
salpicado por momentos
que edulcoran el camino?
Momentos que son engaños,
pero que no cambiamos
porque compensan, incluso a ciegas,
todos los males y daños.
Fíngeme un jardín
a los pies de tu cama
y deja que me quede a vivir,
como se queda quien ama.
Ocúltame en la almohada,
donde se esconden los deseos,
los sueños y las venganzas
y déjame ser cómplice.
Engáñame cuando me arañes,
revolviéndome entre tus sábanas,
testigo de todo placer nocturno
y secreto del amanecer.
Mi reino
por media docena de tus carcajadas,
envueltas en descaros y destellos,
de los que parten del brillo de tus ojos.
El amor
a contrarreloj,
gota a gota,
con cuenta atrás,
contra las cuerdas,
sabe a pólvora.
Quien fuera capitán de navío,
para navegar tus tormentas
y bordear el placer escondido
entre las islas de tu deseo.
Quien fuera brisa marina,
para capear tus tormentos
y saciar esa sed encubierta
bajo tus aullidos mudos.
Déjame quedarme a vivir en tus pupilas
y perderme en tu iris hasta encontrarme,
morir en cada una de tus miradas
y resucitar en tu sonrisa descarada.
Una botella abierta
tras otra
une tu boca
a la mía.
Una copa vacía
se lleva
mis besos
y los tuyos.
Amor con dos hielos
del que se repite,
entre trago y trago,
en cualquier ocasión.
Amor en deshielo
del que se derrite,
sin amagos,
por la pasión.
Cada cual tiene su superpoder.
Está el de coger corazones rotos
y ponerlos en orden,
con capa de esparadrapo.
El de curar heridas,
encontrar causas tardías
y robarle besos al aire
de los que no buscan a nadie.
Me equivoqué con el azar
y me rompí el corazón por despiste,
donde brotan cicatrices invisibles
y las tiritas van de incógnito.
A veces,
para enamorarse
hasta el fondo,
sólo hace falta
estar en el lugar
y en el momento
equivocados.
Ese efecto óptico
que crece,
dándote alas.
Magia a corto plazo,
que se desvanece
cuando te vas.
Que las expectativas
queden expectantes
en su espectro
y disfruten del espectáculo.
Quiero enfrentarme a ti como a un espejo
y saborear cada pétalo de tu piel sedosa.
Quiero alcanzar la cima en tu reflejo
y erupcionar el volcán que te mantiene presa.
Navegar en barcos de papel,
sobre océanos de deseos,
con ganas de lamer tu piel
y recorrer cada centímetro con mis dedos.
Quien fuera esa gota
que recorre todo tu cuerpo,
resbalándose por tu pelo,
ganando tu piel,
provocando mi celo
y muriendo a tus pies.
Brindo
por las ocasiones perdidas;
por todas esas veces
en que nos hicimos los tontos
a la vez.