Mi mayor condena,
por intentar robar tu corazón.
Forzar la entrada a una caja vacía
sin tener un plan de huida.
Atrapado sin guante blanco,
y sin premio que morder.
Perpetua la cadena,
sin llegar a pisar prisión.
Mi mayor condena,
por intentar robar tu corazón.
Forzar la entrada a una caja vacía
sin tener un plan de huida.
Atrapado sin guante blanco,
y sin premio que morder.
Perpetua la cadena,
sin llegar a pisar prisión.
Apareciste de la nada,
como una tormenta de verano:
húmeda y caliente,
rompiendo el bochorno eterno.
No hubo aviso previo,
sólo el choque de tu piel contra mi calma
y este aguacero de jadeos
que no sabe dónde terminar.
Que los únicos restos de batalla
sean marcas de carmín sobre la piel;
el mapa de una guerra sin vencidos
donde el ganador sea el placer.
Que no haya tregua entre mis manos
ni bandera blanca en tu cintura,
solo el rastro dulce del asalto
y el hambre feroz de tu locura.
Kilómetro cero
Hay quien logra vivir mil vidas
encerrado en un solo cuerpo,
quien es capaz de crear miles de recuerdos
y se atreve a recordar y olvidar,
a la vez, sin miedo.
Y luego estamos nosotros,
que tropezamos con el borde de un suspiro
y nos ahogamos en el charco de una tarde vacía.
Nosotros,
que teniendo todo el cielo fuera,
preferimos quedarnos a vivir
en la grieta de lo que pudo ser
y nunca fue.