Catarsis de olvido ciego.
Tremebunda reacción en cadena.
Condena de llanto roto.
Sufrido mantel de espinas.
Agota ir a gatas negando,
De saltos de fe y desgana.
Ganando desidia y frío,
hasta que no haya un mañana.
Catarsis de olvido ciego.
Tremebunda reacción en cadena.
Condena de llanto roto.
Sufrido mantel de espinas.
Agota ir a gatas negando,
De saltos de fe y desgana.
Ganando desidia y frío,
hasta que no haya un mañana.
Dos monedas tengo en mi mano;
en total tres caras y una cruz.
Da igual cuantas veces lance,
si nunca me sales tú.
Hacer o no hacer te hace dudar,
sacrificar tus sueños por algo más.
Por una paz que te es ajena,
el mayor regalo que puedes dar.
Bailando entre vaivenes que no sanan,
(vueltas de tuerca sin tornillo)
utilizo tus espinas para rasgar mi alma,
mientras me sigo haciendo trampas.
Los poemas no son
ni de quien los escribe
ni de quien los lee.
Son de quienes los inspiran.
Me gusta escribir tonterías
después de cosas serias,
para que sonrías.
Me gusta contar mentiras
camufladas de verdad,
para despistar.
Me gustan las frases a medias
que no sabes cómo acaban,
para empezar...
Me gusta la rima asonante
de tu mirada curiosa,
para terminar.
Rueda el dado sin sentido,
consumido por el azar y la brisa.
Corre sin prisa y sin elegir,
aceptando cualquier resultado.
La soga del destino
que, cuando llega, no avisa.
Muerde a la aguja del pajar
con su propósito acatado.
Porque a ti te gusta la tranquilidad
y a mi me seduce el caos.
Porque nos aburre la indiferencia
y nos mantiene atontaos.
La casualidad es caprichosa,
despiadada y sin compasión.
Aprieta y a la vez ahoga,
pero invita en cualquier ocasión.
En el fondo es un poco verdad,
que todo es mejor achispaos.
Deja que pregunte algo ahora:
¿Bailamos otra canción?
(No es casualidad
querer devorarse a bocaos;
es una putada
y a la vez una adicción)
Un te quiero mudo.
Una veintena de casis.
Amor demasiado puro.
Un nada en un oasis.
Catarsis de murallas derrumbadas.
Calles que vigilan amantes clandestinos.
Testigos son sus piedras calladas,
sin más afrodisíaco que unos vinos.
Caminos de frío olvidado.
Silbidos de viento por melodía.
Amanece el tiempo pasado,
cuando cualquier excusa servía.
Sólo recuerdo su culpa;
olvidé todo lo demás.
Dejé de creer en los nunca
y me prometí a los tu sabrás.
¿Qué son los para siempre,
sino una rendición anticipada?
Tenía razón septiembre,
pero negarlo me flipaba.
Un estado irracional y sin sentido,
pero sentido en sí mismo.
Es ir sin mirar y saltar a oscuras.
Es encontrarse y andar perdido.
Es estabilidad y un seísmo.
Es mañana, ayer y ahora.
Es vencer y acabar rendido.
Es firmeza y el filo del abismo.
Gana siempre quien no añora.
Se derrota quien se ha rendido.
Muere quien lo viste de cinismo.
Se siente distinto según quién.
Sabe diferente dependiendo el cómo.
Es desigual a la vista de quien mira.
Pero, ¿a quién le importa,
sino a nadie y a todos?
Depende de si late y respira.
A los que suspiran...
A los que desesperan...
A los que expiran...
Elige bando, hora y arma:
Bátete en duelo contigo
y sobrevive para contarlo.
En la cárcel del miedo a un puto virus
que a la gente arrastra de vivir.
A los que se lleva ya nunca les veremos.
Para los que se queden ya nada será igual.
Porque me dice las cosas a la cara.
Porque me increpa, si me equivoco.
Por discutirme la cabezonería.
Por no juzgarme a la ligera.
Un apoyo en las malas,
trae serenidad con su aplomo.
De noche o de día,
no hay mejor escudera.
Dame una calada,
contágiame tu ánimo.
Comparte tu esencia,
tu valentía imperecedera.
Cabeza templada
Corazón todo
Miss simpatía
Mujer Guerrera
(Siempre me dio paz,
quien nunca pierde el espíritu)
Septiembre siempre tuvo razón;
más vale estar callado, que decir que no.
Las huidas, hacia delante.
Las miradas, sin gafas de sol.
Sólo los cobardes mienten diciendo la verdad,
eso es cierto aquí y en Madagascar.
Las cosas claras y el corazón es beso.
Amar a medias, una traición cruel.
Castillo en ruinas
Dragón ahogado
Princesa huida
Patán destronado
El foso seco
El viento callado
La espada en el suelo
El aguante enterrado
La mente velada
El deseo olvidado
Mi mentira perpetua
El corazón rasgado
La disculpa emitida
El orgullo magullado
Una espera eterna
Con el discurso acabado
traviosa sepulturera de corazones rotos?
Te voy a escribir el poema más bonito del mundo
y lo firmaré con mi alma, será rotundo.
Hablará de los secretos que guardas,
de lo que escondes tras el iris de tus ojos brillantes.
Contará como suspiro y ante ti me rindo,
pero no será hasta que baje contigo, al Inframundo.
Es curioso
como un baile lento
te puede acelerar el pulso.
Caducan las palabras
que trepan formando promesas;
lentas y fugaces.
En tinta se vuelven carmín.
Gatean subiendo,
sinceras y mentirosas.
Bailé contigo mil veces
-pero sin ti-
La odisea de las mariposas,
que aletean sin miedo
provocando huracanes.
Los lunes con sonrisas son menos lunes.
Las prisas diurnas las noches apagan.
Amagos en fuego grabados
de clavos ardiendo donde agarrarse.
Estacas que son miradas profundas.
frutos prohibidos que el viento arrastra.
Bajo una espiral de barro y oro,
donde empieza lo bueno, donde acaba todo.
Escribo en un cuaderno negro
como tu mirada reluciente;
A veces jugando con palabras,
otras apostando entre dientes.
Todo mientras me extravío,
quizá de manera consciente.
Capaz de aceptar tu verdad,
incapaz de saber si mientes.
Mi sombra nunca me ha negado un baile,
pero hay infinitas cosas que no me ha dado...
Jamás ha hecho que hiperventile,
con la adrenalina de un beso robado.
Soñar con leer tu espalda en
es sólo humo tras el fuego apagado.
Ahogado en un charco de desmedido narcisismo,
suplicando a la noche de nuevo un tormento,
cae el subconsciente en un fiero abismo
y sube el ego hasta el firmamento.
Puede parecer un cambio por lo mismo,
mas habrá que intentarlo mientras quede aliento.
Pensar desde la distancia:
una agonía.
La tortura de la paciencia,
querida mía.
Una cascada sin final.
Y caer.
Caer por siempre,
anhelando llegar.
Por esas veces que tanto dije
cuando no pretendía decir nada.
Por esas otras que callé
cuando quería decirlo todo.
Por las palabras cómplices,
escritas desde el lodo.
Por esos ojos siempre atentos,
pero que leen con la vista ahogada.
Colaboradores necesarios de innata persuasión,
para un pobre cobarde sin perdón de Dios.
Denme diez de los que cierran bocas,
de los que enmudecen lenguas,
de los que sofocan almas.
Denme diez de los que agitan nervios,
de los que avivan fuegos,
y en silencio claman.
O denme sólo uno,
pero que sea eterno.
La vida
sin calma
con prisa
ferviente
se pasa
hiriente
La vida
puta y malparida
presume mientras agoniza
simpática
reluciente
La vida
desgasta agotada el alma naciente
La vida
agita y remueve
mientras marchita
La vida
Entre codos empina descarada,
sin fuelle ni fuste.
Me la suda.