Eres el algoritmo de mi imaginación,
la ruleta de mi fantasía,
el calibre 50 de mi adicción
el centro de mi poesía.
Una vez lo llamé perdición
errado por la osadía.
Condena es la definición
que mejor lo describiría.
Eres el algoritmo de mi imaginación,
la ruleta de mi fantasía,
el calibre 50 de mi adicción
el centro de mi poesía.
Una vez lo llamé perdición
errado por la osadía.
Condena es la definición
que mejor lo describiría.
Culpar a tus parpados sería canalla.
Perdonar a tus labios, embustero.
Desconfiar de tus caricias, certero.
Preguntaría al viento, pero se calla.
Caer hasta las trancas no se ensaya.
De recuerdos tengo lleno el cenicero.
Quemar sonrisas es algo chapucero.
Rendirse es aceptable solo tras la batalla.
La razón hace tiempo que huyó.
La cordura resultó ser mala consejera.
Dejadme una vez más ser incoherente.
Una mirada es lo que me condenó.
Y aún así, tras una vida entera,
daría la eternidad por hincarle el diente.
Me pregunto con frecuencia-y probablemente ese sea el error-cómo se hace para sacar a alguien de la cabeza,cuando de donde no sé sacarla es del corazón.
Vivir en el límite del "casi",
sobre la delgada línea del ojalá,
lamiendo el humo de un suspiro
al que, si no te agarras, se va.
Si a alguien he sido fiel,
ha sido siempre a mí mismo.
Me puse frente al abismo
y, sin mirar atrás, salté.
Desde entonces caigo,
metro a metro,
dormido o despierto,
hasta el momento exacto.
Me fumé mis penas
y las convertí en ceniza.
Mastiqué mis miedos
y los hice trizas.
Con la cobardía no pude,
pese a darle una paliza.
De vez en cuando me sacude
pero es ella la que agoniza.
Apuéstate un naufragio,
bébete el tiempo sin sal,
pon mas arena que cal
y aguanta pese al presagio.
Es cierto que hay cansancio
y, aunque ahora pinte mal,
aceptarlo es esencial,
pues no perdurará el contagio.
Correremos de nuevo sin miedo.
Soplaremos a cualquier hora.
Volveremos a acariciar con los dedos.
No extraña quien no valora,
y puede que te importe un bledo,
pero quien habla es la ternura.
Veneno en caricias que sospechan silentes,
la desesperación ausente del cascabel.
Se enciende la alarma al fundirse los plomos
(a oscuras es más fácil perder la razón).
Ven a mi lado y quítame hasta las tildes,
difiéreme entre tu saliva y tu lengua,
coge aire y suspira conmigo,
pero no pares, no pares por Dios.
Deséame en cursiva y sin miramientos.
Avanza a ciegas con decisión.
Frénate y acelérame.
Sonríe cuando te meta mano.
Susurros indescifrables de tus pupilas
me invitan a indagar donde acaban tus piernas,
a recorrer el calado del frenesí creciente
con una nada sutil oscilación oral.
Fóllame entre líneas y desátame luego.
Aráñame en espasmos de clave de sol.
Déjame morir bajo tu cintura
y sucumbe conmigo sin contemplaciones
Quiéreme entre paréntesis
y sé mi amor eterno durante un rato.
Báilame la vida de puntillas entre risas,
pero gírate a mirarme cuando huyas...
Te debo un destino y un te quiero
con besos de seda y limón,
desarmarte a la primera,
enredando con tu respiración.
Tu desparpajo de agua salada,
me debe un baile a oscuras,
tanteando tu piel cifrada,
comprobando sus texturas.
Si soy del todo sincero,
es tu inexacta imperfección
quien tiene a mi alma atrapada
soñando con aventuras.
Haciendo barquitos de papel
con las ganas de sentir tu respiración sobre mi piel.
Las locuras de un demente,
que rechina entre dientes,
al olvidarse del brillo de tu mirada de miel.
Errores por no ir nunca de frente
-a posta o de manera inconsciente
a las ganas de ti siempre me mantuve fiel-.
Y, aunque el destino sea cruel,
me la suda lo que piense la gente.
Mi colección de momentos robados;
un cúmulo de deseos inacabados.
Noches enteras mirando al techo,
que podían haber sido sobre tu pecho,
soñando despiertos y extasiados.
Nunca recelo, pero si sospecho,
por culpa de este corazón maltrecho,
(amante clandestino, admirador ahogado)
que guarda con recelo todos sus pecados,
con intención de traicionarme, al acecho.
¿Qué le hacemos, si el deseo que me ciega,
que de mi orgullo hasta reniega,
me atormenta, me seduce y me oculta la verdad?
Aunque no creo que sea con maldad,
siempre me embriaga cuando llega.
He probado a escapar por toda la ciudad,
pero ya no tengo edad
para contener siempre la entrega.
Y, aunque mi mente la sosiega,
temo por mi posible tempestad.
¿Y tú, te dejas engañar por las palabras
o por los hechos?
Te dejaría ser otoño,
a cambio de que me marchites.
Te dejaría ser invierno,
para congelar mis penas.
Te dejaría ser primavera,
si me dejaras polinizar contigo.
Te dejaría ser verano,
por compartir el calor de tus labios.
Cuando quien habla es el alcohol,
no existen las mentiras.
Podrás negarlo con palabras,
pero se notará por quién suspiras.
Los amores platónicos
son siempre mala idea.
Y, si sigues teniendo dudas,
tonto el que lo lea.
Decir nada.
Sombra escarlata en noches prestadas
Lucero del ocaso ascendente
Menguante el silencio inflexible
Secretos sin luces que resplandecen
Abocado al descalabro inocente
Insomnes de sueños húmedos
Mudo el deseo creciente
Latido al todo, por si acaso
Desfase horario que ora penitente
Sin sentido reza en aullidos
Consentido en lo prohibido
Privado en lo consciente
Mientras tanto entretente
Zancadilla consciente al capricho
Manía de naturaleza cobarde
A la inmortalidad perenne
Decir todo.
¿Cómo se le explica a la distancia
que tres son multitud,
que si tengo que elegir entre las dos,
la única que no sobra eres tú?
Las causas perdidas
con aplomo claman
y con plomo pesan.
¿Te hundes conmigo?
Muero de ganas
de escribirte borracho.
Borracho de alcohol.
Borracho de ti.
Llamarte los lunes.
Perderte en jueves.
Gemirte en sábado,
hasta el amanecer.
Sálvame.
Húndete.
Piérdete,
hasta el amanecer.
Cuando suba la marea entre tus sábanas,
acuérdate del humo de las caricias.
Si tiemblas y te inundan las ganas
-como un huracán bordeando el mar-,
olvida todo lo que te rodea,
atiende a tu interior y déjate llevar.
Desliza tu sutil imaginación
sobre lo único que importa ahora.
Deja que pase a la acción
y siente como ya nada te ahoga.
Disfruta de tu propia poesía,
de tu propio ritmo y su fantasía.
Amores eternos de dos horas.
Escarceos en guerrillas de una noche.
Adicciones fugaces a tus pupilas
(a que tu mirada libertina me desabroche).
Miénteme como si viniera de tu pasado.
Abrázame como si me conocieras de siempre.
Bésame como si nunca hubieras besado.
Cuéntame toda tu vida en 10 minutos y respírame.
Un penique por tus pensamientos.
Dos por dejarme susurrarte canciones.
Tres por beberme tus lamentos.
Cuatro por tus más íntimas pasiones.
¿Qué deseos te susurra la mente?
¿Qué anhelos te pide el corazón?
¿Quién gana la batalla realmente,
si el único que pierde soy yo?
Por el paso de un tiempo finito.
Por el pesar de un crucial pasado.
Por el cruel destino.
Por el camino extraño.
Por las vueltas que das,
con excesivos grados.
Concédeme un baile lento
de miradas traviesas en penumbra.
Permíteme hacer un intento
de atravesar la muralla de tus labios.
Que tiemblen hasta los cimientos
al asaltar tu castillo con exhalos.
Únete a la batalla sin lamentos,
con tus juegos y descaro.
Poner en tus manos mi armamento,
sin ceder ni un solo paso.
Pelear juntos cada momento,
hasta acabar rendidos y extasiados.
Catarsis de olvido ciego.
Tremebunda reacción en cadena.
Condena de llanto roto.
Sufrido mantel de espinas.
Agota ir a gatas negando,
De saltos de fe y desgana.
Ganando desidia y frío,
hasta que no haya un mañana.
Dos monedas tengo en mi mano;
en total tres caras y una cruz.
Da igual cuantas veces lance,
si nunca me sales tú.
Hacer o no hacer te hace dudar,
sacrificar tus sueños por algo más.
Por una paz que te es ajena,
el mayor regalo que puedes dar.
Bailando entre vaivenes que no sanan,
(vueltas de tuerca sin tornillo)
utilizo tus espinas para rasgar mi alma,
mientras me sigo haciendo trampas.
Los poemas no son
ni de quien los escribe
ni de quien los lee.
Son de quienes los inspiran.
Me gusta escribir tonterías
después de cosas serias,
para que sonrías.
Me gusta contar mentiras
camufladas de verdad,
para despistar.
Me gustan las frases a medias
que no sabes cómo acaban,
para empezar...
Me gusta la rima asonante
de tu mirada curiosa,
para terminar.
Rueda el dado sin sentido,
consumido por el azar y la brisa.
Corre sin prisa y sin elegir,
aceptando cualquier resultado.
La soga del destino
que, cuando llega, no avisa.
Muerde a la aguja del pajar
con su propósito acatado.
Porque a ti te gusta la tranquilidad
y a mi me seduce el caos.
Porque nos aburre la indiferencia
y nos mantiene atontaos.
La casualidad es caprichosa,
despiadada y sin compasión.
Aprieta y a la vez ahoga,
pero invita en cualquier ocasión.
En el fondo es un poco verdad,
que todo es mejor achispaos.
Deja que pregunte algo ahora:
¿Bailamos otra canción?
(No es casualidad
querer devorarse a bocaos;
es una putada
y a la vez una adicción)
Un te quiero mudo.
Una veintena de casis.
Amor demasiado puro.
Un nada en un oasis.
Catarsis de murallas derrumbadas.
Calles que vigilan amantes clandestinos.
Testigos son sus piedras calladas,
sin más afrodisíaco que unos vinos.
Caminos de frío olvidado.
Silbidos de viento por melodía.
Amanece el tiempo pasado,
cuando cualquier excusa servía.
Sólo recuerdo su culpa;
olvidé todo lo demás.
Dejé de creer en los nunca
y me prometí a los tu sabrás.
¿Qué son los para siempre,
sino una rendición anticipada?
Tenía razón septiembre,
pero negarlo me flipaba.
Un estado irracional y sin sentido,
pero sentido en sí mismo.
Es ir sin mirar y saltar a oscuras.
Es encontrarse y andar perdido.
Es estabilidad y un seísmo.
Es mañana, ayer y ahora.
Es vencer y acabar rendido.
Es firmeza y el filo del abismo.
Gana siempre quien no añora.
Se derrota quien se ha rendido.
Muere quien lo viste de cinismo.
Se siente distinto según quién.
Sabe diferente dependiendo el cómo.
Es desigual a la vista de quien mira.
Pero, ¿a quién le importa,
sino a nadie y a todos?
Depende de si late y respira.
A los que suspiran...
A los que desesperan...
A los que expiran...
Elige bando, hora y arma:
Bátete en duelo contigo
y sobrevive para contarlo.
En la cárcel del miedo a un puto virus
que a la gente arrastra de vivir.
A los que se lleva ya nunca les veremos.
Para los que se queden ya nada será igual.
Porque me dice las cosas a la cara.
Porque me increpa, si me equivoco.
Por discutirme la cabezonería.
Por no juzgarme a la ligera.
Un apoyo en las malas,
trae serenidad con su aplomo.
De noche o de día,
no hay mejor escudera.
Dame una calada,
contágiame tu ánimo.
Comparte tu esencia,
tu valentía imperecedera.
Cabeza templada
Corazón todo
Miss simpatía
Mujer Guerrera
(Siempre me dio paz,
quien nunca pierde el espíritu)
Septiembre siempre tuvo razón;
más vale estar callado, que decir que no.
Las huidas, hacia delante.
Las miradas, sin gafas de sol.
Sólo los cobardes mienten diciendo la verdad,
eso es cierto aquí y en Madagascar.
Las cosas claras y el corazón es beso.
Amar a medias, una traición cruel.
Castillo en ruinas
Dragón ahogado
Princesa huida
Patán destronado
El foso seco
El viento callado
La espada en el suelo
El aguante enterrado
La mente velada
El deseo olvidado
Mi mentira perpetua
El corazón rasgado
La disculpa emitida
El orgullo magullado
Una espera eterna
Con el discurso acabado